Qué es el deterioro cognitivo en el adulto mayor y qué grados existen

Qué es el deterioro cognitivo en el adulto mayor y qué grados existen

El deterioro cognitivo es un concepto que puede generar preocupación, especialmente cuando aparece asociado al envejecimiento. 

En el adulto mayor, algunos cambios cognitivos pueden formar parte del proceso natural de envejecimiento. Por ejemplo, tardar un poco más en recordar una palabra, necesitar más tiempo para aprender algo nuevo o tener pequeños despistes ocasionales. 

Pero cuando las dificultades son más frecuentes, afectan a varias capacidades mentales o empiezan a interferir en la vida diaria, puede ser necesario valorar si existe algún grado de deterioro cognitivo. El término hace referencia a una disminución del funcionamiento cognitivo respecto al nivel previo de la persona, pero puede presentarse con diferentes intensidades. Por eso es importante entender qué significa, cómo se clasifica y qué diferencias existen entre deterioro cognitivo leve, moderado y grave. 

En este artículo explicamos qué es el deterioro cognitivo en el adulto mayor, qué grados existen y qué factores pueden influir en la salud cognitiva.

Qué es el deterioro cognitivo en el adulto mayor

El deterioro cognitivo en el adulto mayor se refiere a una disminución de una o varias funciones mentales, como la memoria, la atención, el lenguaje, la orientación, el razonamiento, la capacidad para tomar decisiones o la planificación de tareas cotidianas.

Dicho de forma sencilla, el deterioro cognitivo leve aparece cuando una persona empieza a tener más dificultades de las esperables para su edad en alguna de estas capacidades. Puede manifestarse de forma leve, con cambios sutiles que apenas afectan a la autonomía, o de forma más avanzada, cuando la persona necesita ayuda para realizar actividades habituales.

El deterioro cognitivo no debe entenderse como una consecuencia inevitable de cumplir años. La Organización Mundial de la Salud señala que la demencia, una de las formas más avanzadas de deterioro cognitivo, no forma parte del envejecimiento normal, aunque su frecuencia aumenta con la edad.

Por tanto, cuando hablamos de qué es el deterioro cognitivo en el adulto mayor, hablamos de un cambio en el rendimiento cognitivo que debe valorarse en su contexto,dependiendo de la edad, estado de salud, evolución de los síntomas, autonomía, antecedentes médicos, entorno familiar y estilo de vida.

Por eso, ante cambios persistentes o progresivos, lo más adecuado es consultar con un profesional sanitario. Una valoración médica permite diferenciar entre cambios propios de la edad, deterioro cognitivo leve, demencia u otras situaciones que pueden afectar temporalmente a la memoria y al pensamiento. 

Clasificación del deterioro cognitivo

Los grados del deterioro cognitivo ayudan a describir la intensidad de los cambios y su impacto en la autonomía. De forma general, se habla de deterioro cognitivo leve, moderado y grave.

Esta clasificación no siempre marca límites exactos. El deterioro cognitivo puede avanzar de manera gradual y los cambios pueden variar según la persona, la causa, el estado general de salud y el entorno. Aun así, diferenciar estos grados permite entender mejor qué puede implicar cada etapa.

Deterioro cognitivo leve

El deterioro cognitivo leve es una situación intermedia entre los cambios cognitivos esperables por la edad y un deterioro más avanzado. La persona puede presentar más problemas de memoria, pensamiento o concentración de lo habitual para su edad, pero mantiene en gran medida su independencia.

El National Institute on Aging define el deterioro cognitivo leve como una condición en la que algunos adultos mayores tienen más problemas de memoria o pensamiento que otras personas de su edad, aunque normalmente pueden realizar sus actividades diarias habituales.

En esta fase, la persona puede notar que necesita más esfuerzo para recordar información reciente, organizar tareas o mantener la concentración. También puede ser la familia quien observe ciertos cambios. Sin embargo, la autonomía se conserva en la mayoría de actividades cotidianas.

Es importante destacar que el deterioro cognitivo leve no siempre evoluciona hacia demencia. Algunas personas permanecen estables durante años, otras pueden mejorar si existe una causa tratable y otras pueden evolucionar hacia un deterioro mayor. Por eso, el seguimiento profesional resulta especialmente importante.

El portal Alzheimer.gov también explica que el deterioro cognitivo leve implica más problemas de memoria o pensamiento que los esperables por la edad, pero sin que estos cambios impidan necesariamente mantener la vida diaria.

Deterioro cognitivo moderado

El deterioro cognitivo moderado implica una afectación más evidente de las funciones mentales. En este grado, los cambios ya pueden interferir en actividades cotidianas que antes la persona realizaba con normalidad.

Puede haber más dificultad para manejar tareas complejas, organizar rutinas, tomar decisiones, mantener conversaciones, orientarse en determinados contextos o recordar información reciente. La persona puede seguir conservando parte de su autonomía, pero empieza a necesitar más apoyo, supervisión o acompañamiento en algunas actividades.

A diferencia del deterioro cognitivo leve, en el deterioro moderado el impacto funcional suele ser más claro. La familia o el entorno cercano pueden observar que ciertas tareas requieren más ayuda, especialmente aquellas relacionadas con la gestión del día a día.

Este grado debe valorarse con especial cuidado, ya que puede tener causas distintas y evolucionar de manera diferente en cada persona. La evaluación profesional permite comprender el origen probable del deterioro, establecer un seguimiento y adaptar los apoyos necesarios.

Deterioro cognitivo grave

El deterioro cognitivo grave se caracteriza por una afectación importante de las capacidades cognitivas y por una pérdida significativa de autonomía. En esta fase, la persona puede necesitar ayuda frecuente o continuada para realizar actividades básicas de la vida diaria.

El deterioro grave puede afectar de forma intensa a la memoria, la orientación, la comunicación, el reconocimiento de personas cercanas, la comprensión del entorno y la capacidad para expresar necesidades. También puede asociarse a una mayor dependencia física, emocional y social.

Cuando el deterioro cognitivo grave forma parte de una demencia avanzada, el acompañamiento debe centrarse no solo en la atención clínica, sino también en la seguridad, el bienestar, la dignidad y la calidad de vida de la persona.

La diferencia entre deterioro cognitivo, demencia y Alzheimer

Es habitual utilizar los términos deterioro cognitivo, demencia y Alzheimer como si fueran equivalentes, pero no significan exactamente lo mismo.

El deterioro cognitivo es un término amplio. Describe una disminución de una o varias funciones mentales. Puede ser leve, moderado o grave, y no siempre implica una demencia.

La demencia es un síndrome en el que existe un deterioro de la memoria, el pensamiento, el comportamiento y la capacidad para realizar actividades cotidianas. La OMS señala que la demencia es consecuencia de diferentes enfermedades o lesiones que afectan al cerebro.

Por su parte, el Alzheimer es una enfermedad concreta y la causa más frecuente de demencia. La OMS indica que la enfermedad de Alzheimer puede representar entre el 60% y el 70% de los casos de demencia.

Esta diferencia es importante para evitar conclusiones precipitadas y reducir la preocupación innecesaria. Recibir un diagnóstico de deterioro cognitivo leve no significa automáticamente tener Alzheimer ni desarrollar una demencia. Cada caso debe valorarse de forma individual, teniendo en cuenta la evolución de los cambios, el estado general de salud, los antecedentes médicos y el nivel de autonomía de la persona.

Qué puede influir en la salud cognitiva

La salud cognitiva depende de una combinación de factores. Algunos no se pueden modificar, como la edad, la genética o determinados antecedentes familiares. Otros, en cambio, están relacionados con el estilo de vida, el estado general de salud y el entorno en el que vive la persona.

Aspectos como una alimentación equilibrada, la actividad física regular, el descanso, la vida social, la estimulación mental, el control de enfermedades crónicas y la salud cardiovascular pueden influir en el rendimiento cognitivo a lo largo del tiempo. La OMS también señala la importancia de abordar el riesgo de deterioro cognitivo y demencia desde una perspectiva amplia, teniendo en cuenta distintos hábitos y factores de salud.

Por todo ello, cuidar la salud cognitiva implica sumar pequeñas acciones sostenidas en el tiempo y adaptadas a cada persona. Dentro de ese enfoque, y siempre acompañado de hábitos saludables y seguimiento profesional cuando sea necesario, pueden tener cabida complementos alimenticios como FontUp®, formulado con EGCG procedente del extracto de té verde y clínicamente probado para apoyar el cuidado cognitivo diario.

 

Ana Caamaño

Científica Biomédica, especializada en Neurociencia