Cómo prevenir el deterioro cognitivo en personas mayores

Cómo prevenir el deterioro cognitivo en personas mayores

Prevenir el deterioro cognitivo no significa poder evitarlo siempre ni eliminar por completo el riesgo de que aparezca. En la salud cognitiva influyen muchos factores, como la edad, la genética, los antecedentes médicos, el estado general de salud y el estilo de vida. Algunos de ellos no se pueden modificar, pero otros sí pueden trabajarse a lo largo del tiempo.

Por eso, cuando hablamos de cómo prevenir el deterioro cognitivo en personas mayores, lo más adecuado es pensar en una estrategia global de cuidado cerebral. No se trata de una única medida aislada, sino de sumar hábitos sostenidos que ayuden a cuidar la salud física, mental y social.

En este artículo explicamos qué puede ayudar a reducir el riesgo de deterioro cognitivo en el adulto mayor y qué hábitos conviene reforzar.

 

¿Se puede prevenir el deterioro cognitivo? 

El deterioro cognitivo puede presentarse con diferentes grados e intensidades, y no siempre tiene la misma evolución en todas las personas. Aunque no siempre puede prevenirse por completo, sí existen factores modificables sobre los que se puede actuar para cuidar la salud cognitiva a largo plazo.

Existen factores no modificables, como la edad, la predisposición genética o determinados antecedentes familiares, que pueden influir en el riesgo de desarrollar problemas cognitivos. Sin embargo, también hay factores relacionados con los hábitos de vida, la salud cardiovascular, la alimentación, el descanso, la vida social o el control de enfermedades crónicas que pueden formar parte de una estrategia preventiva.

La Organización Mundial de la Salud ha publicado recomendaciones sobre la reducción del riesgo de deterioro cognitivo y demencia, destacando la importancia de actuar sobre factores modificables relacionados con la salud y el estilo de vida.

Por eso, más que hablar de una prevención absoluta, conviene hablar de reducir el riesgo, cuidar la salud cognitiva y mantener rutinas que favorezcan el bienestar del cerebro a lo largo del tiempo.

 

Cómo prevenir el deterioro cognitivo en el adulto mayor

Para entender cómo prevenir el deterioro cognitivo en el adulto mayor, hay que mirar la salud cognitiva de forma amplia. El cerebro no funciona de manera aislada: depende del estado cardiovascular, del descanso, de la alimentación, del movimiento, del estado emocional, de la vida social y del control de enfermedades crónicas. 

Mantener una vida físicamente activa

La actividad física regular puede contribuir al cuidado de la salud cognitiva porque favorece la circulación, ayuda a mantener la autonomía, mejora el estado de ánimo y forma parte de un envejecimiento saludable.

No hace falta plantearlo siempre como deporte intenso. En personas mayores, puede ser más realista hablar de movimiento adaptado: caminar, realizar ejercicios suaves, mantenerse activo en casa, subir escaleras si es posible o seguir rutinas recomendadas por un profesional.

La OMS recomienda la actividad física regular como parte de sus medidas para reducir el riesgo de deterioro cognitivo y demencia.

Cuidar la salud cardiovascular

La salud cardiovascular y la salud cerebral están muy relacionadas. Factores como la hipertensión, la diabetes, el colesterol elevado, el sedentarismo o el tabaquismo pueden afectar al funcionamiento del organismo y también al cerebro.

Por eso, una parte importante de la prevención consiste en controlar enfermedades crónicas, acudir a revisiones médicas y seguir las indicaciones del profesional sanitario. Cuidar la presión arterial, la glucosa, el colesterol y el peso puede formar parte de una estrategia de protección cognitiva a largo plazo.

La OMS también incluye el control de la hipertensión, la diabetes, el colesterol y el peso entre las áreas relevantes para reducir el riesgo de deterioro cognitivo y demencia.

Mantener una alimentación equilibrada

La alimentación también forma parte del cuidado cognitivo. Una dieta equilibrada, variada y adaptada a las necesidades de cada persona puede ayudar a mantener la salud general y aportar nutrientes importantes para el funcionamiento del organismo.

En este sentido, seguir patrones de alimentación saludables, cuidar la hidratación y prestar atención a posibles déficits nutricionales puede formar parte de una estrategia de prevención a largo plazo. En algunos casos, también pueden tener cabida complementos alimenticios orientados al cuidado cognitivo diario, como FontUp®, formulado con EGCG procedente del extracto de té verde, siempre dentro de un enfoque global y acompañado de hábitos saludables.

Para profundizar en este punto, puedes consultar nuestro artículo sobre alimentos para la memoria en adultos mayores, donde explicamos qué comer para cuidar el cerebro.

Dormir bien y cuidar el descanso

El descanso influye en la concentración, el estado de ánimo, la memoria y la capacidad para funcionar durante el día. Dormir mal de forma continuada puede hacer que una persona se sienta más despistada, irritable o con menos energía mental.

En personas mayores, cuidar el descanso implica mantener horarios regulares, revisar hábitos nocturnos, evitar estimulantes si afectan al sueño y consultar si existen problemas persistentes como insomnio, despertares frecuentes o somnolencia diurna.

El objetivo no es solo dormir más, sino mejorar la calidad del descanso y detectar posibles problemas que puedan estar afectando al rendimiento cognitivo.

Mantener relaciones sociales

La vida social también forma parte del cuidado cognitivo. Conversar, participar en actividades, mantener vínculos familiares o comunitarios y evitar el aislamiento puede ayudar a conservar rutinas, motivación y estimulación mental.

No se trata de tener una agenda social intensa, sino de mantener contacto con otras personas y participar, en la medida de lo posible, en actividades significativas. La soledad o el aislamiento pueden afectar al bienestar emocional y, en algunos casos, influir en la salud cognitiva.

Estimular la mente en la vida diaria

Mantener la mente activa puede contribuir al cuidado cognitivo, especialmente cuando las actividades son variadas, adaptadas y agradables. Leer, conversar, aprender algo nuevo, escuchar música, hacer pasatiempos, cocinar siguiendo una receta o participar en actividades culturales pueden estimular diferentes capacidades.

Aquí conviene evitar entender la estimulación cognitiva como una obligación o como una lista cerrada de ejercicios. Lo importante es que la persona mantenga actividades que le resulten motivadoras y que supongan cierto reto, sin generar frustración.

Revisar audición, visión y estado emocional

La audición, la visión y el estado emocional también pueden influir en el rendimiento cognitivo. Una persona que oye peor, ve con dificultad o se siente deprimida puede parecer más despistada, menos participativa o con menor capacidad de atención.

Por eso, dentro de la prevención conviene revisar estos aspectos. Corregir problemas auditivos o visuales, atender síntomas de depresión o ansiedad y cuidar el bienestar emocional puede ayudar a mantener una mejor calidad de vida.

Evitar el tabaco y moderar el consumo de alcohol

Evitar el tabaco y moderar o evitar el consumo de alcohol también forma parte del cuidado cerebral. Estos hábitos pueden afectar a la salud cardiovascular, al descanso, al estado general y, en consecuencia, al funcionamiento cognitivo.

La OMS incluye no fumar y evitar el consumo perjudicial de alcohol entre las recomendaciones relacionadas con la reducción del riesgo de deterioro cognitivo y demencia.

Consultar con un profesional sanitario cuando sea necesario

Aunque los hábitos de vida pueden ayudar a cuidar la salud cognitiva, la prevención no debe sustituir el seguimiento profesional cuando existen dudas, enfermedades previas o cambios persistentes en la memoria, la atención, el lenguaje o la orientación.

Consultar con un profesional sanitario permite valorar cada caso de forma individual, revisar posibles factores de riesgo, detectar causas tratables y adaptar las recomendaciones a la edad, el estado de salud y las necesidades de cada persona.